Pasos muy tentativos hacia un documento preliminar para la reunión preparatoria intergaláctica entre los pueblos zapatistas y los pueblos del mundos

Introducción
Somos un colectivo conformado en principio por miembros de la comunidad y estudiantes localizados en Durham, Carolina del Norte. Llegamos todos con un mismo deseo compartido de vivir de forma diferente y de actuar políticamente; además de una insatisfacción común con las campañas monotemáticas y la serie de intervenciones caritativas muy particulares de las ONGs y de la dialéctica de la Izquierda tradicional. Hemos dedicado varios años a la investigación de modelos alternativos para el cambio social dentro de colectivos con autodeterminación propia. En la actualidad cuando la naturaleza globalizada de la economía contemporánea ha expuesto las trágicas limitaciones y la despolitización que resulta de la sobre dependencia en el déficit financiero de las instituciones estatales, nos hemos inspirado en movimientos autónomos en la búsqueda de proyectos concretos que sean socialmente auto sostenibles, respondiendo a las necesidades y demandas de la comunidad de una forma activa, radical, y muy democrática. Intentamos siempre ejercer nuestra propuesta política socializando el conocimiento, creando espacios en donde podamos formar nuevas relaciones sociales; y tomando decisiones a través de las asambleas colectivas. Hemos buscado fortalecer la lucha política colectiva o comunal de la clase trabajadora y de las comunidades de ‘color’ en la ciudad de Durham. A la vez, de forma simultanea, conectamos nuestra lucha con todos los movimientos anti capitalistas mundiales.

Nuestro colectivo está compuesto en su mayoría por lo que se conoce como la “gente de color”, es decir estudiantes, trabajadores e inmigrantes de origen asiático, africano y latino. Igualmente, hacen parte de nuestra “gente de color” las mujeres (nos preguntamos irónicamente ¿de qué color son ellas…?). Quizás deberíamos decir de forma más especifica que nuestro color representa no el simple resultado de haber nacido “diferente”, (con nuestras historias y tradiciones negadas a través de brutales procesos históricos), sino por el contrario un lugar en el que todos hemos aprendido a entender y actuar dentro de una batalla a gran escala que se vive hoy entre estas diferencias (las cuales están ellas mismas en constantes procesos de cambio y de diferenciación), y desde luego la total indiferencia del dinero. Como alguna vez enunciaba el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, estamos dedicamos a la lucha entre los colores de la tierra y el insípido color del dinero.

Nuestro contexto global
El crecimiento y la consolidación del mercado mundial, la revolución informática y tecnológica, tanto como las innovaciones en las finanzas internacionales, las telecomunicaciones y la industria del entretenimiento han cambiado las relaciones entre el trabajo y el salario y entre los productos y los consumidores. Los dominios de la actividad social anteriormente al exterior de la acumulación capitalista, el trabajo afectivo, la generación ligada a la imagen y la producción del conocimiento han sido resaltados por el mercado mundial, colapsando la base y la superestructura, y haciendo de esta manera que el valor sea más difícil de medir. En otras palabras, el incremento del lucro de estos trabajos cooperativos, comunicativos e “inmateriales” ha sobrepasado la producción no solo desequilibrando la economía real con la sociedad y la cultura sino haciendo evidente que estas queden al margen de la producción. El trabajo “inmaterial” también ha recalcado lo que siempre ha sido el modo de producción capitalista, es decir no la verdadera producción de objetos necesarios y deseables por sujetos necesitados de los mismos sino la producción de sujetos que necesitan y quieren ciertos tipos de objetos.

La relación del capital es en la actualidad activamente global. Trabajamos ahora en una configuración global de clases, con una división global del trabajo. Pero esta configuración no sigue los limites establecidos en el sistema moderno de nación-estado. Bajo el actual capitalismo integrado, el “tercer” mundo vive en “el primero” y viceversa. No hay un espacio interior o exterior al capitalismo global: los residuos o las migajas pagados a los artesanos, campesinos y trabajadores miserables en América Latina es una parte vital del capitalismo como lo es el eje internacional financiero de Londres y Nueva York; de esta manera el éxito del ultimo escalón depende de la explotación del primero. Este proceso histórico y primitivo de acumulación en el que la violencia y el robo sistemático es requerido para desposeer al pueblo de los recursos técnicos, naturales y humanos con los que ellos viven y que establecen la relación de la propiedad entre los dueños y los empleados, y aquellos que tienen que vender su trabajo para comprar su supervivencia, continua hoy por hoy no solamente en la forma de apropiación de los recursos “naturales”, léase agua, tierra, aire, biodiversidad, sino con la apropiación de los procesos colectivos de creatividad, conocimiento, imaginación y relaciones sociales en general haciendo axial del espíritu de la sociedad y de la misma vida un sujeto o material constante para la explotación.

Esta interdependencia global ha traído a la reflexión la cuestión de la relación existente entre soberanía y democracia. La perdida de la soberanía del estado-nación han sido asumida para implicar la perdida de la democracia. Nuestros estudios nos han ilustrado que la soberanía del estado-nación, la cual depende de una relación de mando y obediencia entre el gobierno y los gobernados, precisa de una relación de poder de dominación, precluyendo la democracia desde su mera definición. Los movimientos sociales alrededor del mundo en las ultimas décadas han insistido en la teoría y en la practica en la que ellos no figuran ya como sujetos a la soberanía. Ellos entonces exigen un democracia que no consiste en seleccionar a alguien para que los gobierne, sino que establecen una sociedad en la que todos gobiernan o, como lo mencionaban los Zapatistas, hay que mandar obedeciendo. Esta crisis de democracia representativa y la figura de la estado-nación que la sostiene es global e irreversible. Hoy mas que nunca tenemos que ver la democracia no como la recuperación de la soberanía sino como una alternativa a ella muy merecida.

Nuestra historia y nuestro momento histórico
Como la mayoría de nosotros somos estudiantes dentro de un sistema de universidades corporizadas, hemos tenido que reconocer nuestro lugar en el sistema social de producción, es decir los ideas y las practicas creadas con nuestros cuerpos y mentes sujetos, una vez más, a un proceso de explotación. Hemos rechazados también el privilegio de la producción conceptual e ideológica en donde las ideas trascienden y determinan el mundo material, o una base pragmática convirtiéndose en un activismo anti intelectual. Hemos aprendido que los ideas son cuerpos también, ellas entran en un dialogo de fuerzas sociales, pero la creación de los conceptos no es solamente el espacio entre la vida misma, es el espacio o un modo de vida en el que no se puede tener el privilegio sobre la creación de otros efectos a los cuales se tienen que relevar.

La ciudad de Durham, Carolina del Norte, como cualquier ciudad incrustada dentro de las realidades globales del siglo veintiuno, es una ciudad de múltiples contradicciones. Las fábricas de tabaco que alguna vez sirvieron como eje económico de la región ahora permanecen vacías e inmóviles. Lentamente todas ellas sucumbieron a los implacables intereses encaminados a transformar tales espacios y convertirlos en oficinas de poderosas corporaciones y en exclusivos apartamentos muy urbanos “tipo loft” (el concepto de lo urbano se interpreta de manera muy particular dentro de una ciudad ceniza en la que amplias áreas permanecen en ruinas). La traumática herencia de la industria del tabaco y su destino han sido un común denominador para muchas fabricas en todo el estado y tal coyuntura social y económica no podría ignorarse o excluirse a la historia de la región. Por el contrario es un momento integral y subsiguiente en el curso del reordenamiento económico, social y político que definen el croquis de la vida mundial contemporánea.

Nuestra ciudad, como nuestro mundo, tiene muchas caras. La inmensa producción comercial, científica e intelectual de la Universidad de Duke como también la superpotencia tecnológica del Research Triangle Park garantizan la conexión íntima de Durham con la investigación transnacional, las redes informativas, el comercio tecnológico y militar al igual que el devenir de la política internacional. Ligado así a la reorganización del trabajo y el comercio transnacional, nuestra ciudad no ha sido inmune a los efectos del creciente desempleo y al crecimiento paralelo de la disparidad económica entre ricos y pobres. Como consecuencia de la agresión en contra de los pobres a través del Tratado de Libre Comercio, la población inmigrante de Carolina del Norte le pertenece el crecimiento porcentual mas alto de este país. Mientras estos cambios ponen énfasis en la crisis general de los mal llamados servicios sociales también añaden varias dimensiones a las ya complejas relaciones de raza y clase en una ciudad en donde no es raro ver las acciones intimidatorios del Ku Klux Klan. Estas son las condiciones de la vida cotidiana en Durham, el crecimiento simultaneo de la riqueza extrema y la miseria, la incapacidad del Estado y sus instituciones de dar respuestas efectivas, la creciente movilidad del capital, de la información, del comercio y de los trabajadores, al igual que la lucha por controlar esta movilidad Nos encontramos hoy pues en Durham y Durham es, hay que entenderlo, una localidad globalizada.

Nuestra visión política
En las ultimas décadas la izquierda en los Estados Unidos ha sido relegada a los márgenes de la sociedad. Ella ha quedado delimitada dentro de una tradición empobrecida relacionada con los trabajadores industriales blancos y en los nuevos movimientos “culturales” basados en su mayoría en nociones esencialistas de la identidad, como también dentro del negocio de los partidos políticos y las organizaciones caritativas. Como alternativa nosotros vemos la necesidad de desarrollar un análisis de la producción contemporánea que tome en cuenta la imposibilidad de medir el trabajo y la consecuente desmesura entre el trabajo y el salario para así poder ver las limitaciones inherentes en las luchas que se enfocan exclusivamente en mejorar las condiciones de trabajo y aumentar los salarios; como también poder plantear una lucha que vaya mas allá del “reconocimiento” jurídico, el derecho a la “tolerancia” y a la libertad en términos netamente “culturales.”

Estamos cansados del ascetismo, la autonegación, las políticas edipicas de la culpa, las políticas auto-referenciales de la identidad (dentro de las cuales surgen como puntos referentes la universalidad falsa del eurocentrismo y la modestia postiza de las “mea culpas” de los blancos), como también las políticas de la democracia representativa en las cuales todos somos “libres” cada cuatro años de escoger nuestros amos. Al examinar nuestro contexto y nuestro corazón colectivo hemos encontrado que en el mundo del capitalismo consumidor el cual intenta tragarse la subjetividad política de nuestras comunidades no es que queramos reducir nuestros deseos sino por contrario hacerlos crecer como nunca antes. No es que queramos mas del capitalismo sino algo mas que el capitalismo.

Es decir, nacimos como colectivo en el “para todos todo” de los Zapatistas, en el “que se vayan todos,” de los movimientos argentinos, y en el “otro mundo es posible” de los foros sociales. Al mismo tiempo, a través de nuestra reflexión y estudio fuimos recuperando nuestra memoria y redescubrimos allí la historia de luchas que se han hecho presentes aquí en los Estados Unidos. Pudimos ver estas luchas (por ejemplo la de los IWW-Trabajadores Industriales del Mundo- y El Partido de las Panteras Negras) bajo una nueva dimensión como procesos de la construcción de la autonomía, no como luchas por el poder soberano sino por una organización vital que dependa del veleidades de la dominación. Es decir, pasamos de pensar la política como un proceso de restar (la lucha por el poder de estado) a un proceso de sumar o quizá multiplicar (la potencialización de las posibilidades presentes en la sociedad).

Nuestro nombre
¿Qué es un Kilombo? La palabra Kilombo es de origen Bantu (lengua proveniente de la región de África que en la actualidad se conoce como Angola) y significa campamento. Esta palabra fue usada en el “Nuevo Mundo” especialmente en las zonas de influencia portuguesa para denominar las sociedades de africanos y a veces de indígenas que buscaban poner fin a su esclavitud a través de la fuga. Este fenómeno de las sociedades compuestas por esclavos fugitivos apareció por todo el hemisferio occidental: en las colonias del reino español se le conocía como Palenques, en áreas de dominio francés se le identificaba como sociedades “Marrones” y en las áreas que compartían la influencia españolas y francesas se le conocía como “Cimarrones”. Fueron estos fugitivos los que entendieron que por su sudor y su sangre fue que se hizo posible el “mundo moderno” y que con este mismo sudor y sangre se hubiera podido hacer otro mundo. Son estos fugitivos los que demostraron que la liberación no se constituye en una lucha de vida y muerte contra el amo, sino a través de una lucha de vida y muerte con miras a la construcción de otra vida, otras costumbres, rituales y creencias que harían la relación amo-esclavo obsoleta en la práctica. En ese sentido puede ser que, como muchos intelectuales han señalado, la idea moderna de la guerra guerrillas se debe a estos fugitivos y a la resistencia militar que practicaron contra los colonialistas. Pero nuestro entendimiento tiene que ir mas allá para comprender que una resistencia eficaz contra nuestros amos actuales es la que practicamos en la vida cotidiana con nuestras manos y herramientas para crear lo que falta y no la resistencia limitada e ingenua asociada a los tanques, las armas, y las balas dirigidas a la destrucción de lo que existe…

Nuestro proyecto
Cada día nos preguntamos, ¿como construimos nuestra libertad hoy? ¿Cual es el contexto de hoy? ¿Cual es el mapa de hoy?

Además de, o dentro de, la creación de una red mundial anticapitalista, necesitamos experimentos prácticos para construir autonomías. Nuestros experimentos han tomado materialidad a través de nuestro espacio cibernético y nuestro espacio físico en Durham, Carolina del Norte. Es así que creamos nuestro portal de Internet como manera de socializar nuestros estudios y experiencias y para conectarnos con Otr@s y hacer de esta conexión inmediatamente una comunidad global. A nivel local, nos hemos conectado con nuestros vecinos mas cercanos, la comunidad migrante, quienes también han tenido que aprender a pensar y actuar en este nuevo momento global. Junt@s decidimos crear un espacio concreto para abrir la posibilidad y la oportunidad para nuevos encuentros, una producción local autónoma, y una organización política. En mayo del 2006, abrimos un centro comunitario con un centro de tecnología libre (con acceso a internet y clases de computación), una librería bilingüe enfocada en el pensamiento radical y en movimientos sociales en los Estados Unidos y América Latina, además contamos con clases de ingles y español, y programas de educación alternativa para jóvenes y niños. Nuestros planes continúan y muy pronto constituiremos una huerta comunitaria y un programa de distribución de alimentos. Todos estos servicios se ofrecerían gratis. Pero sin duda lo mas importante es que estos servicios han servido como catalizador para la creación de una asamblea comunitaria con capacidad propia de tomar decisiones no solo sobre nuestro centro comunitario sino también sobre el futuro de nuestra comunidad, y así convertirnos en un nodo mas dentro la red de movimientos anticapitalistas en el mundo.

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