La guerra como razón del mundo que queremos transformar

La humanidad se encuentra en un momento de grandes disputas y grandes definiciones. El capitalismo que hoy ha alcanzado la dimensión planetaria está llevando la vida al límite poniendo en riesgo su propia supervivencia. Sin duda las tensiones internas de un sistema que promueve el antagonismo y la desposesión no pueden más que irse profundizando en la medida que los niveles de concentración de poder y riqueza crecen y la precarización correlativa se va extendiendo sobre el planeta.

Los últimos años del Siglo XX estuvieron marcados por profundos cambios en todas las dimensiones de la vida social conformando propiamente una nueva fase en la historia del capitalismo: la neoliberal. Durante este periodo el planeta entero, a pesar de las enormes diferencias culturales e históricas regionales, quedó articulado a un enorme mecanismo de reproducción global ordenado desde Estados Unidos, el centro indudable del poder mundial. El Siglo XXI, después de treinta años de reestructuración neoliberal, parece haber iniciado con un desplazamiento del eje ordenador desde la producción y el mercado, donde las normas parecían ir estableciéndose de manera “natural” (con intervención de la “mano invisible”), hacia instancias explícitamente disciplinadoras como las militares. ¿Es reversible este desplazamiento? ¿Indica el inicio de un cambio de fase? ¿Estaremos pasando del neoliberalismo al neofascismo? ¿Es éste el único mundo posible? ¿Es el capitalismo el fin de la historia o dónde están las historias libertarias? ¿Se pueden construir las condiciones que hagan posible la utopía de un mundo donde quepan todas las utopías? ¿De un mundo donde quepan todos los mundos? ¿Podemos trascender el capitalismo? ¿Podemos imaginar relaciones humanas sin capitalismo? ¿Podemos imaginar la convivencia humana sin relaciones de poder? Encaminarnos a la búsqueda de respuestas es ya un indicio de la insubordinación que va dibujando los límites históricos del capitalismo como sistema de organización social. Es una señal de los tiempos que llevan a los pueblos indios a levantarse contra el colonizador antiguo y moderno. Las rebeliones se suceden en todos los continentes mostrando apariencias diversas: cada uno se levanta por sus propios sueños y contra sus opresores cercanos; todos contra la guerra del gran hegemón. Pero ¿qué es el mundo hoy? ¿qué es eso que queremos transformar? ¿y quiénes somos nosotros,
los insubordinados?

El mundo que queremos transformar
El signo más elocuente de la sociedad contemporánea es la guerra. La guerra bajo sus diversas formas y en todas las dimensiones del universo relacional: la guerra económica, la guerra cultural, de la inteligencia y de las ideas y la guerra militar. La política, en el capitalismo, es el instrumento legítimo y legitimador de la guerra. La competencia, que es otro modo de llamar a la guerra, es su esencia fundante. Pero si bien la guerra ha sido el rasgo inmanente esencial, que marca la contraposición antagónica sobre la que se asientan las relaciones sociales en el capitalismo, las modalidades de organización del proceso de trabajo y de la reproducción humana varían en cada momento histórico atendiendo fundamentalmente al desarrollo de las tensiones, conflictos o lucha de clases y al avance del proceso de objetivación impulsado por la clase capitalista. Las últimas tres décadas del Siglo XX se caracterizaron en buena medida por la reorganización de las condiciones que garantizaran la valorización del capital. Hoy, a inicios del Siglo XXI, el desafío consiste en garantizar las condiciones que hagan posible todavía el capitalismo. Es decir, si durante la fase neoliberal el eje ordenador de las relaciones capitalistas y de la articulación global de la reproducción era el mercado -en el más amplio sentido del término-, hoy, en lo que parece quererse perfilar como neofascismo, el reto principal es la indisciplina de una sociedad que no acepta las reglas impuestas por la guerra económica y la economía de mercado. Si los nuevos rasgos autoritarios y reduccionistas pueden entenderse como parte del neoliberalismo es una discusión que está por darse; lo que está claro por el momento es el desplazamiento del eje ordenador desde el mercado -o lo económico- hacia lo militar. El impulso neoliberal, centrado en la readecuación económica, tiene como elementos de origen el fortalecimiento de los sindicatos, la capacidad de control del proceso de trabajo desarrollada por el obrero colectivo fordista, el desfasamiento entre una capacidad productiva creciente y la correlativa depauperación o marginación del mercado de amplios sectores de la población mundial y una crisis en el sector campesino que hasta ese momento funcionó como espacio de compensación de la superexplotación de la fuerza de trabajo de las llamadas periferias.

La búsqueda de nuevas tecnologías tenía como propósito reorganizar el trabajo. No el proceso de trabajo solamente sino el trabajo mismo como categoría de disciplinamiento social y el trabajo en general no sólo en términos de su operación práctica sino de su capacidad abstracta, de su desagregación y extensión hacia un conjunto de actividades intelectuales: se pasó de la concepción del trabajo como operación a la del trabajo como diseño y planeación, al tiempo que se caminaba de las cadenas de montaje a los grupos de tarea, al trabajo a domicilio
y a la proliferación de maquiladoras (off shore industries). Entre los rasgos más sobresalientes de este proceso pueden destacarse los siguientes: 1. Los avances tecnológicos a lo largo de estos años superaron la fase de objetivación de movimientos y saberes físicos que caracterizaron la etapa fordista y transitaron hacia la objetivación de saberes mentales y orgánicos, mecanizando paulatinamente los razonamientos lógicos e incursionando en el conocimiento, control y modificación de las estructuras de pensamiento y de las estructuras de la vida: los códigos culturales y los códigos genéticos. La apropiación de saberes no se detiene en la acumulación de conocimientos sino que intenta incursionar en los mecanismos de generación de esos conocimientos
1
. El poder sobre los
cuerpos y las mentes, el biopoder
2
, transita por los objetos prototípicos del nuevo paradigma
tecnológico, sea en el espacio de la producción, sea en el de la vida privada (mediante los
medios de entretenimiento disciplinadores como los nintendos, play stations, etc.).
2. Después de una encarnizada disputa entre competidores asiáticos, europeos y
estadounidenses, se logra implantar un nuevo paradigma tecnológico con vigencia mundial, cuyo
centro de definición está en Estados Unidos. La automatización sobre estas nuevas bases
tecnológicas es soporte de un despliegue de procesos productivos
3
integrados en escala
planetaria que conlleva una revolución en los sistemas de comunicación hasta llegar al traslado
1
Las operaciones lógicas básicas de la construcción del pensamiento ya han podido ser
incorporadas al funcionamiento de las computadoras. De acuerdo con un estudio de Hans
Moravec (1998),
los proyectos de inteligencia artificial para crear las llamadas “brain machines” marcan
como tendencia alcanzar el equivalente al cerebro humano alrededor del año 2015. Actualmente se cuenta
con un potencial equivalente ya al cerebro de una lagartija, aunque el desarrollo es desigual y hay
operaciones mentales que han podido ser mecanizadas que rebasan la habilidad cerebral de la lagartija.
2
“? en los siglos XVII-XVIII se produjo un fenómeno importante: (…) la invención de una nueva mecánica
de poder que tiene sus propios procedimientos, instrumentos totalmente nuevos, aparatos muy
diferentes: una mecánica de poder que se (…) funda sobre los cuerpos y lo que hacen, más que sobre la
tierra y sus productos (…) Es un tipo de poder que se ejerce continuamente a través de la vigilancia (…)
Se apoya sobre un principio que se configura como una verdadera y propia economía del poder: se debe
poder hacer crecer al mismo tiempo las fuerzas avasalladas y la fuerza y la eficacia del que las avasalla.”
(Foucault, 1996: 36).
3
La escala planetaria en los sistemas de producción y reproducción capitalistas no solamente se sustenta
en el impulso renovador provocado por las tecnologías electroinformáticas introducidas sobre todo a
partir de los años setenta sino también en la profunda crisis que llevó a la des-organización o re-
organización del llamado bloque socialista.

instantáneo de información o a la colaboración simultánea (en algún proyecto) desde diferentes
partes del mundo.
La geografía productiva adquiere una nueva definición territorial una vez establecida como
circuito planetario, al buscar combinar de la manera más
competitiva
la localización de recursos
naturales, de mercados de trabajo (específicos, diferentes, de bajos salarios, etc.) e incluso
de exigencias en protección ambiental o prestaciones salariales, etc., con autonomía de las
consideraciones referentes a la geografía de las ventas. Esto provoca una reorganización de la
planificación estratégica sobre el espacio y una reterritorialización de la dominación que
modifica tanto la ocupación como los usos de los territorios -entendidos no sólo como
expresión de su contenido físico sino también como construcciones histórico-culturales-, en la
búsqueda de un reposicionamiento espacial competitivamente estratégico.
3. Se crean nuevos objetos de trabajo y nuevas modalidades de uso de los territorios. La
naturaleza es resignificada a partir de su fragmentación: la naturaleza se desdibuja como
sistema y se categoriza a partir de la aprehensión de sus microcomponentes como estructuras
aisladas. El conocimiento y manejo microcósmico rompe las cadenas y equilibrios naturales y
reduce a los organismos a sus partes aprovechables extrayendo sus principios activos y
deshechando de antemano los
sobrantes
para disminuir los
faux frais
de la procucción. De
acuerdo con sus cualidades fragmentadas la naturaleza deja de ser concebida como sistema
vital -al tiempo que se opera su separación definitiva con respecto a los seres humanos- y se
convierte así en biodiversidad
4
(Escobar, 2000).
La secuenciación automatizada de códigos genéticos abre nuevos campos de valorización,
nuevas maneras de apropiación (de la naturaleza) pero, sobre todo, ofrece la posibilidad de
transformación del paradigma tecnológico mediante el estudio y aplicación de las estructuras
vitales sistémicas.
5
La conversión de la naturaleza en sus componentes, su conversión en
fragmentos pasibles de ser disociados, corresponde a la penetración desestructuradora en los
cuerpos y mentes de la espacie humana. En ambos casos el conocimiento científico y las
innovaciones tecnológicas abrieron la puerta a un proceso de des-sistematización y de pérdida
de sentido global.
4
Arturo Escobar fue el primero que planteó el problema en estos términos. La mercantilización de la
naturaleza a través de su destazamiento, xxx
5
Ejemplo de esto son las permanentes investigaciones en biochips, brain machines, etc.

4. La fábrica convencional del modelo fordista deja de ser el lugar de la producción. Sus
fronteras se desdibujan y el proceso de trabajo desborda hacia la sociedad incorporando a
todos los sectores de la población como potenciales proletarios al tiempo que penetra los
ámbitos de la vida privada, los espacios otrora de la reproducción, convirtiéndolos en
accesorias de una nueva fábrica ampliada y difusa . El proceso de trabajo se complejiza e
incrementa enormemente las mediaciones entre el trabajador y el objeto de trabajo
diversificando correlativamente los contenidos del trabajo. Las relaciones laborales se
informalizan
en correspondencia con el desbordamiento del proceso de subsunción y se
conforma correlativamente un obrero colectivo mucho más diverso interiormente y también
más dúctil, tanto en términos de sus capacidades y habilidades como en sus reclamos laborales.
La mayor parte de la humanidad queda sometida a las nuevas disciplinas del trabajo, desde sus
variantes intelectuales hasta las más deprimidas y esclavizantes actividades “informales”, que
suponen una extensión de la jornada de trabajo acompañada por una precarización generalizada
y, en el extremo, hasta en materia prima que acompaña con saberes ancestrales la apropiación
eficiente de la naturaleza.
5. La clase se desdibuja junto con su espacio laboral. El fraccionamiento de la producción por
fases o hasta por tareas, deslocalizadas geográficamente, arrebata el conocimiento general
del proceso -y por tanto la capacidad de controlarlo- al colectivo obrero. Encerrados en
grandes plantas o ciudades industriales a lo largo de treinta o cuarenta años, habituados a
organizarse corporativamente, los trabajadores industriales se reconocían difícilmente en un
mundo laboral más amplio y
desordenado
. En el momento de la implosión de las grandes plantas
industriales estos trabajadores perdieron los referentes en los que sustentaban su concepción
de sí mismos.
Los trabajadores precarios por un lado, y los trabajadores intelectuales en el otro extremo, no
terminan de reconocerse a sí mismos como parte de esa clase que estuvo delimitada o
identificada por la producción industrial durante todo el periodo fordista y que a su vez
difícilmente los aceptaba como parte de su colectivo. Estos sectores, que hoy constituyen una
parte sustancial de la masa laboral y que se encuentran vinculados, aunque de maneras y en
lugares distintos, a un mismo proceso productivo, perdieron en gran medida la concepción de
totalidad y no establecen todavía sus hilos articuladores. Los precarios, hoy mucho más
abundantes que en el pasado, siempre han sido considerados como
marginales o desclasados ; los intelectuales, hoy incorporados masivamente como fuerza de trabajo, siempre se han pensado como externos a las contradicciones sociales, por lo menos directamente.
En otras palabras, la clase se pulverizó cuando no pudo reconocerse en la calle, donde había
sido arrojada por el neoliberalismo; es en esa misma calle donde tendrá que recomponerse
regenerando sus lazos comunitarios y sus sentidos colectivos.
6. El alcance planetario de la producción fomenta la homogeneización de productos que reducen
costos de producción por economías de escala pero, sobre todo, abaratan la reproducción de la
fuerza de trabajo desvalorizando los bienes salario. El manejo global de mercados planetarios
permite autonomizar las esferas de producción y realización diferenciando los de bienes
precarios y masivos que colocan mercancías elaboradas con prisa y baja calidad en los
mercados del proletariado mundial, mientras los de las clases altas se surten con productos
diferenciados de alta calidad y alto precio. Si en el fordismo los propios trabajadores eran
concebidos como consumidores de los bienes industriales, hoy el mercado depende mucho
menos del consumo de los trabajadores miserabilizados y mucho más del margen de ganancias
que implica la depresión salarial salvaje en situación de monopolios productivos y mercantiles
planetarios.
Una de las consecuencias de esta nueva ofensiva capitalista es que ha colocado a buena parte
de la población del mundo en calidad de sobrante absoluta y a las civilizaciones y culturas
milenarias en riesgo de extinción.
A la estandarización del consumo que deviene de esta producción maquilera en escala
planetaria, y a la precarización que arroja a todos los miembros de la familia al mercado de
trabajo, corresponde una desestructuración de la comunidad y de sus modalidades propias de
organización de la vida privada. Si en las ciudades el proceso de individualización capitalista
echó raíces desde los inicios de la industrialización, en las
periferias
del sistema los vínculos
comunitarios tradicionales resignificados eran soporte de la subsistencia
6
. La fracturación de
la naturaleza coincide con un nuevo impulso hacia la desestructuración de estas comunidades
desconociendo las razones culturales (y políticas) diversas que las previenen de la
individualización.
6
Cita del sup

En el capitalismo sólo se reconoce al individuo, y eso a través de su representación objetivada:
la propiedad privada. La atomización social es el caldo de cultivo de la dominación, de las
relaciones de poder o, como dice Foucault, “la soledad es la condición básica de la sumisión
total” (xxx).
Este nudo conflictivo es expresado, desde la perspectiva de “la cultura única”, por Samuel
Huntington (1997) cuando traslada la representación del enemigo hacia la diversidad de
culturas. No obstante es un campo identificado dentro de todos los proyectos de dominación.
Las quemas de libros, el arrasamiento de templos y la imposición de nuevas costumbres y
lenguas fue, hace 500 años, el mayor intento por eliminar cualquier rastro de un mundo pensado
y organizado de manera no capitalista. La Santa Inquisición fue una embestida contra todo el
que pensara por sí mismo fuera de las líneas del evangelio, contra toda comprensión no
cristiana del mundo, no antagónicamente binaria (bien y mal; Dios y demonio, etc.). Hoy que la
dominación se pretende de espectro completo (Joint, 2000) la diversidad no controlada es
justamente la llamada amenaza asimétrica.
7. El capitalismo es el ámbito de producción de la
no-comunidad
que hace del
otro
un enemigo y
lo individualiza, colocándolo en situación de enfrentarse “solo contra el mundo”, es decir,
atomizado frente a un mercado que lo envuelve, que lo deglute y que, además, tiene una
legitimidad
a priori
fincada en un sistema de derecho y de sanción erigido como razón
universal. La producción de la no-comunidad es la expropiación del sentido social de la vida y se
acompaña de una producción simultánea de sentidos comunes enajenados.
…a verdade definitiva do universo desespiritualizado e utilitarista do capitalismo é a
desmaterialização da “vida real” em si, que se converte num espetáculo espectral. (?i?ek, 2003:
28)
La ideología neoliberal se sintetiza en la exitosa propuesta de Fukuyama: “el fin de la historia”.
La sociedad única -y unidimensional, diría Marcuse- que se extiende hasta donde llega el
mercado, y el pensamiento único que expresa el fin de las culturas y de la diversidad en
general, son signo de un vaciamiento de sentidos históricos que borra los referentes colectivos
reales para imponer ficciones con apariencia de realidad. La pérdida de la memoria histórica es
la derrota de los pueblos. Un pueblo sin memoria no existe; un individuo sin colectivo se des-
sujetiza; una planta reducida a sus componentes aislados es desprovista de su carácter
orgánico.
La medida del vaciamiento es simultáneamente la medida del biopoder como capacidad para
controlar los cuerpos y mentes, como si fueran entes aislados e independientes de la historia y
experiencia de su portador y corresponden a la figura del panóptico total.
8. Puesto que ni el panóptico, ni el fin de la historia ni la omnipresencia del mercado han
logrado domesticar las resistencias que, más bien, brotan como hongos en todas partes del
planeta, queda en evidencia que el mercado como gran organizador de la competencia y de la
distribución de bienes materiales es insuficiente como disciplinador de los colectivos que ha
ido dejando fuera de su órbita. El desafío central del capitalismo a fines del Siglo XX, sin
desmerecer la enorme importancia que tiene el acaparamiento de los recursos naturales
estratégicos, es el control de la insubordinación. Los niveles de expulsión parecen estar
generando una respuesta no prevista: en vez del suicidio y la desesperanza a los que conduce el
pensamiento único, o los reclamos por reconocimiento e inclusión, los pueblos están decidiendo
emprender su propio camino, recuperar sus territorios, historias y costumbres y empezar a
construir en los márgenes.
7
Lo militar como eje ordenador
Hay dos líneas que marcan los desafíos y estrategias del Siglo XXI y que apelan a la
intervención de lo militar como eje de cohesión, una vez que el mercado se revela insuficiente:
1. La insubordinación de los pueblos -y no de los Estados- como amenaza principal en un
momento histórico en el que la posibilidad de emergencia de hegemones alternativos es remota,
cuestión que conduce al planteamiento de las guerras asimétricas en que el enemigo es un ente
informe, difuso y, sobre todo, indisciplinado e inasible. En vez de los conocidos
enfrentamientos entre Estados propios de la Guerra Fría, hoy el conflicto esencial parece
haberse desplazado hacia lo que podría caracterizarse como una lucha de clases planetaria que
deviene de la incapacidad real del capitalismo de ofrecer una propuesta de vida al conjunto de
la población mundial. La fuerza expansiva de los procesos de producción hoy es limitada y más
bien provoca una expulsión absoluta de fuerza de trabajo, no compensada con el incremento en
las escalas de producción. En ese sentido, mientras más se desarrolla la tecnología y más se
concentra la riqueza, menores son las posibilidades de mantener el proceso de valorización
7
En voz de los “piqueteros” del MTD de Solano este sistema sólo tiene capacidad de incluirlos en calidad
de excluidos (xxxsituaciones) como eje cohesionador de la sociedad y el recurso a mecanismos coercitivos se hace
indispensable. Cuando se ha llegado a una fase tan avanzada del proceso de apropiación-
desposesión las condiciones de funcionamiento societal se tornan sumamente inestables. La
guerra es antes que nada un disciplinador. Disciplinador de mercados, de competidores, pero,
sobre todo, de inconformes, de irreverentes, de rebeldes. Al tiempo que modifica la geografía,
la economía y la política mundiales, desata las fuerzas de la resistencia. La visión militar del
campo de batalla se impone como regla de relacionamiento social y, dentro de ésta, la asimetría
como expresión de indisciplina multidimensional.
8
2. A partir del momento en que los componentes fundamentales tanto de la reproducción
productiva global como del desarrollo de nuevas tecnologías y nuevas aplicaciones productivas
están fijos en el territorio, la instauración de una nueva territorialidad (Porto Gonçalves, xxx;
Ceceña, xxx) es una de las condiciones insoslayables de reconstrucción de la hegemonía.
La necesaria vuelta al territorio como espacio de definición de la competencia con base en el
acaparamiento de recursos y las estrategias de regionalización productiva, laboral y comercial,
apelan a una creciente intervención de lo militar como criterio de visión geográfico y
estratégico y como práctica contrainsurgente, en el sentido más amplio del término.
En este contexto, entre los objetivos hegemónicos que aparecen bajo el manto militar pueden
destacarse los siguientes:
a. Concepción de las relaciones internacionales y mundiales en términos estratégicos, como
escenarios y piezas del juego del poder absoluto. Los consensos o legitimidades se construyen
desde lo militar de donde deviene una transformación de contenidos y prácticas que hace de
la política un terreno de objetivación. La política es secuestrada por los imperativos de seguridad
y sus medios provienen de un soporte tecnológico que una vez más refuerza la posición del
hegemón, personificado en el complejo político-militar de Estados Unidos.
b. Creación de una nueva geometría espacial de aseguramiento de las condiciones generales y
particulares de mantenimiento de la hegemonía (“creación de un ambiente internacional
8
La imagen de un mundo en situación de anarquía, que es uno de los modelos explicativos posibles desde el
poder, se refiere a: “…la quiebra de la autoridad gubernamental; la desintegración de los Estados; la
intensificación de los conflictos tribales, étnicos y religiosos; la aparición de mafias criminales de ámbito
internacional; el aumento del número de refugiados en decenas de millones; la proliferación de armas
nucleares y de otras armas de destrucción masiva; la difusión del terrorismo; la frecuencia de las
masacres y de la limpieza étnica” (Huntington, 1997: 37). favorable” Cohen, 1998) y la concentración tanto de riqueza como de poder, garantizando el
tendido de la más amplia red de posiciones militares desde las cuales, teniendo en cuenta los
alcances de sus radios de acción, se pueda tener el control de la geografía planetaria completa.
c. La única manera de trabajar de modo sustentable y relativamente seguro en un tablero como
éste, con tantos riesgos de tipo tan diverso, es desarrollando una red simultánea de
inteligencia militar con propósitos preventivos que no aniquile a los disidentes en todos los
casos sino que logre colocarlos en situación de confrontación entre ellos mismos. Una red que
en principio identifique los peligros y valore sus capacidades y límites, al tiempo que ubica los
nodos conflictivos esenciales en un mundo tan diverso. La prevención consiste en impedir que el
enemigo se forme, en encontrar el modo de usar al enemigo y en mantenerlo observado en todo
momento y en todo lugar para aprender de sus propias estrategias de lucha.
El cumplimiento de estos objetivos, la radicalidad del cuestionamiento de un sujeto que se
desvincula cada vez más de las reglas del juego y la urgencia por no dejar pasar este momento
de oportunidad histórica (xxx) para colocar a Estados Unidos como rector de los destinos del
planeta completo, llevan al diseño de una estrategia denominada de “dominación de espectro
completo” (Cohen, 1998; Joint, 2000).
Frente a la amenaza incierta y desconocida la respuesta del poder es la estrategia de
dominación de espectro completo diseñada con anterioridad al 11 de septiembre de 2001.
Abarcar todos los espacios, todas las dimensiones de la vida, todos los lugares; no dejar
resquicios para el enemigo real o potencial, no darle tiempo de recuperar fuerzas, de
recomponerse; perseguirlo en los subsuelos, en tierra, aire y mar; vigilarlo, disuadir cualquier
iniciativa contestataria, cualquier transgresión de las reglas tácitas del poder; esto es,
dominar en todo el espectro (Joint, 2000 y 200xxx).
La guerra y sus sentidos propios, sus explicaciones del mundo, se apropian del sentido común en
todas las esferas y utilizan todos los mecanismos: económicos, culturales, simbólicos, militares.
La producción de un sentido bélico sustentado en el antagonismo de origen de la sociedad
capitalista es así el vehículo de formación de consensos.
La profunda transformación en los sistemas productivos y en los sistemas de dominación a lo
largo de los últimos 30 años generaron un dislocamiento en la visión del mundo en términos
generales. Las modificaciones en los dos ámbitos esenciales de socialidad, la comunidad y el
proceso de trabajo, replantearon los sentidos de la vida y los horizontes societales. Desde la perspectiva de la fábrica (entendida en el sentido más amplio que imponen los nuevos
contenidos del trabajo), de donde emana según Gramsci la concepción del mundo, es evidente
que la reestructuración tecnológica y organizativa de la producción y los cambios correlativos
en el mundo del trabajo, incluyendo la precarización de sus condiciones y el reforzamiento del
nomadismo moderno, produjeron una percepción caracterizada por la incertidumbre y la
desposesión. Las relaciones comunitarias se transformaron en este proceso hasta el extremo
que marca los límites de la extinción pues la gran cantidad de mediaciones materiales entre los
sujetos produjo un aislamiento que, reforzado por la competencia (para obtener un empleo por
ejemplo), produjo una sensación generalizada de desconfianza entre las personas y de apego a
los objetos que posibilitan la
virtualización
de las interrelaciones (computadoras, nintendos,
etc.). La ruptura de la intersubjetividad produjo una visión estática e inmediatista en que no
hay historia ni futuro y en la que todos son
sospechosos
.
9
Esta percepción es aprovechada y estimulada propiciando por todos los medios posibles un
cambio de mentalidades correspondiente a las nuevas condiciones y necesidades de control ya
mencionadas. En este sentido, desde la perspectiva cultural hay tres características que deben
ser destacadas:
1. El intento por establecer una interpretación universal, la pregonada por el llamado
pensamiento único, cuya explicación del mundo provoca un vaciamiento del sentido de la vida, de
la historia y de las utopías. Al paradigma tecnológico y militar, se agrega la explicación
tecnocrática, pretendidamente científica y, por tanto, única e inapelable, del mundo, la
sociedad y sus delimitaciones.
2. La potencial apropiación y transformación de la cultura y los imaginarios a través de su
producción industrial mediante la tecnología multimedia que
fabrica
visiones del mundo (en
concordancia con la del pensamiento único) a través de videos en serie, juegos, películas y
otros.
9
La calidad de sospechoso o desaparecido opera una des-sujetización de los seres al apartarlos de
cualquier lazo de pertenencia a la sociedad. Un sospechoso deja de ser automáticamente un portador de
derechos y garantías, contrariamente a lo que ocurre con los detenidos. El detenido tiene una situación
determinada en la que, aun con derechos limitados, tiene la posibilidad de apelar, no así el sospechoso.
Ver Agamben, 2004.

3. La creación de una
cultura de la delación
para garantizar la seguridad en un entorno que se
caracteriza, antes que nada, por la fragmentación y la pérdida de sentido.
10
La incertidumbre
generalizada es un campo propicio para infundir miedo y hacer de la desconfianza el elemento
de producción de la no-comunidad. No hay colectivo posible porque todos
los
otros
son
potenciales delincuentes (narcotraficantes, terroristas, ladrones o, algo todavía peor,
rebeldes).
11
De aquí emana,
naturalmente
, la concepción de guerra preventiva que es en
principio la única capaz de asegurar que nada se salga de control. Es la respuesta de la
modernidad capitalista a un mundo que no termina de aceptar sus reglas.
xxxSin embargo, desde una perspectiva de visión que destaque las relaciones entre sujetos, o
la conformación misma de los sujetos, es necesario poner en cuestión no sólo la competencia
intercapitalista y la lucha por la hegemonía sino la legitimidad general del sistema de
dominación, sus capacidades y su vulnerabilidad. Las condiciones que permitirían mantener las
relaciones entre sujetos como relaciones de dominación y las que permitirían su subversión.
A pesar de haberse iniciado dentro del ámbito de la competencia tecnológica, la
reestructuración capitalista de las últimas tres décadas provocó un cambio total en la
organización del sistema de dominación, en la delimitación de sus espacios, de sus contenidos y
mecanismos que modificó el terreno de la resistencia y la obligó a emerger. Las disputas
intercapitalistas por colocarse en la vanguardia de la obtención de ganancias y de definición de
las normas universales se acompañan de un conflicto social, crecientemente explícito, en contra
10
Vale la pena recordar que los métodos relacionados con la cultura de la delación tuvieron un momento
de apogeo cuando el Tribunal del Santo Oficio se hizo cargo de la contrainsurgencia. La delación es una
práctica consecuente con el mundo de la competencia y la ruptura de las comunidades campesinas,
artesanas, o incluso nómades, necesaria para la institucionalización del mercado como eje de la relación
humana y para la incorporación de los miembros de esas comunidades al trabajo asalariado. Un buen
ejemplo de esto nos lo brinda White al recordarnos que ya en la época de la Inquisición “la población local
era invitada a confesar sus pecados antes de ser denunciados por una fuente secreta, y se los animaba a
delatar a cualquiera que sospechasen que practicaba la herejía. Si un transgresor conseguía proporcionar
una docena de sospechosos, sus pecados serían excusados y se salvaría de la hoguera.” (White, 2002:41).
Esta cultura de la delación se combina con una
cultura del encierro
que supone que sólo parapetados
dentro del propio domicilio, aislados del otro, se puede evitar la agresión o caer bajo sospecha.
11
Esto sin embargo no es algo nuevo sino que es un rasgo inmanente a la cultura occidental. En sus
orígenes se encuentra presente el afán por convertir a toda persona en individuo y a todo individuo en
competidor, insumiso, delincuente potencial o sospechoso, en alguien a vencer (en la competencia, por
ejemplo) o a someter. La medida de los privilegios en riesgo seguramente explica los grados de severidad
y crueldad de los castigos a la insumisión. Uno de los ejemplos más elocuentes es el de la Santa
Inquisición que, a pesar de las diferencias marcadas por el tiempo, guarda similitudes asombrosas con la
perversión que supone una campaña de “conmoción y pavor” para redimir al pueblo de Irak. del poder capitalista. A la recomposición de las estructuras y jerarquías del poder se
contrapone una insurrección generalizada -aunque heterogénea y con grados de conciencia y
visibilidad distintos- en contra de la dominación, complicándola enormemente. Todo parece
indicar que estamos en los umbrales de una confrontación planetaria de clases, si por clase
entendemos no la rígida enunciación del socialismo real y los estructuralistas sino esa
sugerente noción thompsoniana de la clase que se constituye permanentemente en el
entrecruzamiento de todas las situaciones de opresión y dominio manifiestas en la experiencia
de la lucha, “la clase [que] es definida por los hombres al vivir su propia historia” (
Thompson,
1989:34
).
Los hombres sencillos viviendo su propia historia, los hombres conformándose como clase,
emergiendo de las profundidades de los tiempos para reconstruir sus sentidos comunitarios
fracturaron irreversiblemente el pensamiento único colocando en un mismo plano la disputa por
la hegemonía de Estados Unidos y la disputa por la hegemonía capitalista. Éste es el desafío
que deberán enfrentar los grandes poderes por haber abierto la caja de Pandora.
En este momento de la historia de la humanidad en que se han desdibujado las certezas hay
por lo menos algo indiscutible: ni el capitalismo tiene carácter transhistórico, ni la historia
tiene más límites de los que le impone transitoriamente la acción de los sujetos.
Nuevos ejes de conflicto social
Clase (explotación)
Desposeídos del poder-poderosos (exclusión, desciudadanización)
Étnico-colonial
La competencia implica, tanto como la guerra, el sometimiento o negación del otro. Aún más, es
la base de construcción de la otredad, que combina todas las dimensiones del proceso de
dominación-resistencia (étnica, colonial, de clase, de género), y emplea todos los mecanismos a
su alcance: algunos sutiles, otros brutales.
…la guerra ofrece también al hombre simple, que en tiempo de paz nunca hubiera
esperado llegar a ser alguien, la oportunidad de alcanzar la sensación de poder, y
justamente ahí donde esta sensación tiene sus raíces: en el sobrevivir a montones de
muertos (Canetti:1981, 44)

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