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¿El Principio del Fin? o ¿el Fin del Principio?

spacepicTraducción del original en ingles:

http://www.elkilombo.org/the-beginning-of-the-end-or-the-end-of-the-beginning/

El 1 de septiembre de 2015, el centro comunitario del Kilombo, uno de los muchos proyectos de El Kilombo cerró sus puertas tras 9 años de funcionamiento. En los últimos años nuestra renta ha aumentado de manera constante al tiempo que nuestro barrio se ha convertido en el mercado inmobiliario más atractivo y rentable del centro de Durham y el lugar de moda para la juventud blanca, de clase media alta. El mes pasado nos duplicaron nuestra ya de por sí elevada renta así que nos resultó difícil mantener nuestra presencia en el barrio. Además, dado que muchos de los residentes locales que utilizaban y sostenían el centro comunitario también habían sido desplazados de la zona, decidimos que ya no tenía sentido destinar nuestros recursos colectivos a mantener el centro en su ubicación actual. Los demás proyectos de El Kilombo, así como nuestra organización en su conjunto, continuará de manera ininterrumpida mientras nuestro centro comunitario se traslada a un nuevo espacio físico.

Cuando abrimos el centro comunitario el Primero de Mayo de 2006, nuestro barrio tenía una vida callejera vibrante y un intrincado conjunto de redes familiares y sociales que había perdurado a pesar de décadas de abandono por parte del gobierno de la ciudad. Desde entonces, el centro comunitario albergó decenas de miles de horas de programación comunitaria, incluyendo clínicas de salud gratuitas, clínicas dentales, clínicas de terapia física, tutorías, clases de arte, obras teatrales, talleres de vídeo para jóvenes, talleres multimedia, clases de computación, clases de inglés, clases de español, seminarios de investigación comunitaria, evento públicos sobre desigualdad racial y desarrollo urbano, asesoría legal gratuita para familias del barrio, talleres sobre conozca-sus-derechos, y casi una década de cenas comunitarias semanales, todo ello llevado a cabo para y por la comunidad con un presupuesto reducido y sin personal asalariado. En suma, el centro comunitario se convirtió en un verdadero semillero de conocimiento y autoorganización con base en la comunidad. Desde el principio, este hecho, también hizo de él un centro para la oposición colectiva frente a los elevados niveles de racismo contra la población negra, el desplazamiento, la creciente desigualdad social y la consecuente violencia policial que, como reconocen muchos, hoy en día plaga la ciudad.

Hace ocho años, cuando inversionistas financieras junto con todo el funcionariado electo de la ciudad empezaron a tomar posesión de nuestro barrio, como vimos cuando intentaron apropiarse de Old North Durham Park, nos indignó la invisibilización de nuestras comunidades con el fin de hacer del barrio y de gran parte de la ciudad un terrus nullius a ser colonizado por “pioneros”. También nos horrorizaron los favores políticos, las absurdas mentiras, la canibalización de la infraestructura pública y el acaparamiento del dinero de impuestos públicos en manos privadas (a través de ayudas y subvenciones) necesarios para conseguir este objetivo. Así vimos la necesidad de impulsar en la ciudad un diálogo sobre el proceso de “gentrificación”. No podemos decir que en ese momento la respuesta fuera alentadora: amenazas físicas, acusaciones de que eramos una conspiración de “bolcheviques” y “yihadistas” (sí, son citas textuales) por parte de demócratas locales electos que harían ruborizar al mismísimo Donald Trump; e indiferencia por parte de posibles aliados, cuando no su entusiasmo absoluto por la ‘revitalización’ (una especie de “gentrificación para todos y todas”) que aún sigue siendo común entre muchos ‘progresistas’ de la ciudad.

Pero parece que las cosas han cambiado: hoy en día el ‘problema’ de la gentrificación es tan visible como obvio para cualquiera que se acerque a la cuestión de buena fe. La gentrificación se ha convertido en tema de conversación en toda la ciudad y ya son muchos y muchas las que se hacen preguntas muy serias: ¿cómo es que ‘desarrollo’ es lo mismo que aumento de desigualdad en general e intensificación de desigualdad racial en particular? ¿Por qué será que el gobierno de nuestra ciudad, controlada por demócratas (negros) durante décadas, no ofrece absolutamente ninguna alternativa a este aumento de la desigualdad (en el mejor de los casos, proponen curitas para paliar los peores efectos del aumento de desigualdad que consideran necesario)? ¿Por qué será que 4 de las 15 ciudades con el crecimiento más rápido de desigualdad en el país se encuentran en Carolina del Norte y todas están, o recientemente han estado, controladas por demócratas (con Durham pegada a sus talones)? Y, ¿por qué todo ello tiene ese aire de inevitabilidad? Estas son las mismas cuestiones que El Kilombo está estudiando desde 2007 y sobre las cuales tenemos ya algunas reflexiones iniciales: reflexiones que, sin duda, podrían ser tan populares como nuestros intentos iniciales de plantear la cuestión de la gentrificación.

 

¿Por qué está sucediendo la Gentrificación?

Para nosotras y nosotros el problema de fondo no es la gentrificación. Más bien, “gentrificación” es el nombre que reciben los efectos que tiene un fundo más amplio—el capitalismo está en crisis. El capitalismo necesita crecimiento productivo y cuando ese crecimiento no se produce, se vuelve altamente inestable. Empresariado y gobierno intentan paliar esta inestabilidad creando y además dependiendo de la obtención de ‘renta’ –—beneficio que no proviene de la economía productiva o ‘real’. Esta economía ficticia requiere entre otras cosas que se extienda el crédito privado (p.e. préstamos estudiantiles, tarjetas de crédito, hipotecas), que crezca la deuda pública (gasto deficitario, TARP, impresión de dinero), y se creen mercancías ‘únicas’ que pueden ser vendidas a un precio mucho mayor que el costo de producirlas (cafés de ‘origen único’, magdalenas artesanas, cervezas artesanas, gimnasios de boutique, etc.). Gran parte de todo ello elimina el trabajo productivo, generando una población global creciente de humanidad ‘sobrante’ que, carente de cualquier función social integradora, tiene que ser forzosamente almacenada y controlada. En otras palabras, lo que de manera confusa llamamos gentrificación — especulación del suelo, costos exorbitantes de vivienda, consumo obsesivo de productos artesanos y un evidente crecimiento de la represión policial— no es más que la conversión de la ciudad en una enorme máquina de recolección de ‘renta’ que sirve para intentar darle estabilidad a un sistema que se encuentra ante una crisis sin precedentes. La ‘economía ficticia’ es el mecanismo a través del cual ha sobrevivido el capitalismo y —a pesar de lo terrible que ha sido los últimos 30 años — ha podido evitar afrontar sus límites fundamentales. Sin embargo, este salvavidas capitalista (la recolección del dinero ficticio o ‘renta’) también tiene fecha de caducidad puesto que la expansión de la deuda solo puede continuar en la medida en que el reembolso de esta deuda siga siendo creíble. Cada burbuja que estalla pone en evidencia que la volatilidad del momento actual se debe a que esta economía provisional ahora si aproxima estos límites. Por lo tanto, o empezamos a hablar de construir de manera colectiva un futuro postcapitalista o aceptamos como inevitables la inconcebible desigualdad y el quiebre institucional sin precedentes que ya tenemos encima y que sin duda aumentará.

 

¿Cuáles son los efectos negativos reales de la Gentrificación?

Para nosotras y nosotros, resulta inadecuado reducir la cuestión de la ‘gentrificación’ a la falta de “vivienda asequible” (una cuestión dolorosamente obvia). Más bien, el mayor problema que enfrentamos es que esta economía especulativa urbana se ha abierto camino destruyendo las propias comunidades, afroamericanas y latinas, que históricamente han sabido resistir y sobrevivir a la violencia del capitalismo creando proyectos para la supervivencia colectiva y la autodeterminación (desde los quilombos originarios al “Ferrocarril Subterráneo” (a través del cual se liberaban los esclavos) o los programas de supervivencia de las Panteras Negras y los Young Lords). En este sistema, estas comunidades han sido expulsadas de la economía formal (tanto la real como la ficticia) y después prácticamente expulsadas de la ciudad. Es decir, el desplazamiento asociado al propio aumento del costo de la vivienda funciona como una forma de control social, donde las formas precarias de empleo y redes de supervivencia material y acción colectiva informales, pero cruciales, de las comunidades afroamericana y latina se desmantelan, obligándolas a abandonar el centro de la ciudad. Es decir, en los hechos el blanco de la gentrificación se vuelve la capacidad que tienen la comunidad de organizarse por sí misma, desagregándola espacialmente, y así eliminando cualquier lógica que no sea la del individuo aislado ahogándose en un paraíso consumista al alcance de muy pocos.

De manera cotidiana, los mecanismos de esta desagregación son tanto la represión directa como la cooptación simbólica. Por un lado, la represión funciona para asegurarse de que la gente literalmente “permanezca en su lugar”, es decir, limitando la movilidad física y social aplicando de manera extensa la lógica policial. Esto incluye medidas de detención y registro de personas en base a su perfil racial, controles del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas dirigidos a migrantes en sus lugares de trabajo y hogares, vigilancia policial de organizaciones comunitarias como la nuestra, las tasas de encarcelamiento exorbitantes de población afroamericana y latina y, por supuesto, los homicidios policiales que le han robado la vida a miles de personas a lo largo de todo el país, incluida la de Jesús “Chuy” Huerta, joven de nuestro barrio.

Por otra parte, vemos los peligros de una doble estrategia de cooptación. La primera estrategia consiste en neutralizar líderes comunitarios incorporándolos a las ONGs y a la clase política. La segunda estrategia consiste en recodificar el lenguaje de lucha social con el fin de promover y justificar la gentrificación, utilizando los términos “comunidad”, “cooperativas” y “diversidad” para vender proyectos y negocios al servicio de los ya privilegiados y bien conectados y su particular estilo de vida. A través de esta intencionada ocupación del lenguaje de la lucha social a nuestros movimientos se nos ha robado la capacidad de nombrar los problemas que enfrentamos reduciendo las demandas por una ciudad más justa a demandas por mayor gentrificación al tiempo que se reproduce constantemente la ilusión de que la movilidad social ascendente es posible dentro de este marco y que nuestros problemas pueden ser y serán abordados por quienes están en el poder.

 

Dado que no hay un momento más amable ni moderado del capitalismo al que regresar y que quienes están en el poder no pueden y no van a ayudarnos, ¿por cuales caminos deberíamos andar?

Si bien no hay una respuesta o fórmula sencilla para este momento, a partir de nuestra experiencia creemos que hay algunas tareas fundamentales. Pensamos que necesitamos entender de manera profunda la situación que enfrentamos con el fin de trazar estrategias adecuadas para cambiarla, en lugar de simplemente repetir las mismas prácticas sin cuestionarlas y que a menudo asociamos inconscientemente con la “política” (campañas, protestas, elecciones, etc.). Para ello necesitamos estudiar con rigor la situación que nos rodea. Es imposible acometer esta tarea en solitario. La inundación de información que caracteriza a los medios de comunicación contemporáneos parece funcionar directamente en contra de la creación de un sentido colectivo, generando un ambiente propicio para el postureo político, reivindicaciones personales y rechazo general de la vida organizacional. Creemos que el análisis colectivo permanente organizado desde la raíz es el único camino para salir de esta confusión y distracción para lo que necesitamos compromiso y dedicación al largo proceso de construcción que supone el complicado conjunto de relaciones personales, capacidades y profunda cooperación que constituye una comunidad y que inevitablemente se encuentran lejos de los reflectores y los ritmos que marcan diariamente los medios sociales. A partir de la historia de lucha de los pueblos afroamericanos y latinos, sabemos que necesitamos instituciones comunitarias autónomas y autodeterminadas que proporcionen la base desde la cual actuar en colectivo poniendo andar nuestras decisiones políticas y proveyendo nuestras necesidades básicas.

En otras palabras, como nos gusta decir, El Kilombo no es para todo el mundo, pero todo el mundo que esté en lucha necesita un quilombo. Tenemos que inundar todos los barrios y ciudades de este país con centros de estudio colectivo y autoorganización para que podamos comenzar a generar el conocimiento y modos de vida necesarios para encontrar nuestra manera de salir de este lío. ¡Vamos a crear dos, tres, muchos quilombos! El centro comunitario de West Geer Street ha cerrado sus puertas pero seguiremos trabajando para abrir otro, y otro, y otro… Van a tener que hacer mucho más que aumentar las rentas para deshacerse de El Kilombo.

 

Pero, ¿qué piensan ustedes?

Esta es solo nuestra perspectiva, basada en algunas de las conclusiones a las que hemos llegado a lo largo de estos últimos años de experiencia y estudio, pero queremos seguir aprendiendo de otros y otras que están en lucha. ¿Cuáles son los mayores problemas que les afectan o afectan a su organización? ¿Qué es lo que ustedes y su organización ven que está pasando en su ciudad y a lo largo del país? ¿Por qué creen que esto está pasando? ¿Qué es lo que ustedes y su organización creen que podemos hacer todos y todas con respecto a estos problemas?

Como siempre, nos pueden encontrar en elkilombo@gmail.com y en facebook. Mientras tanto, para recibir noticias, análisis y comentarios, pueden suscribirse a nuestra lista aquí: http://eepurl.com/by5z1j.

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