El milagroso san Precario

Un santo arrastra multitudes en el sur de Europa. Sus fieles crecen día tras día mientras sus milagros se multiplican. Con gran fervor sus devotos se encomiendan a él. Es san Precario, patrón de los trabajadores a tiempo parcial, de las víctimas de la flexibilidad laboral, de quienes han dejado de ser trabajadores de cuello azul, de los pobres, de los nuevos sobrantes sociales.

La leyenda habla de que san Precario nació en el seno de una familia italiana burguesa. Su padre, un influyente personaje con vínculos con la logia P”, lo obligó a estudiar finanzas creativas en una prestigiosa universidad del norte de Italia. A los 25 años decidió ver el mundo con sus propios ojos. En su deambular se topó con un grupo de obreros que protestaban por el cierre de la empresa en la que laboraban. Les ofreció mostrarles cómo podían ganarse la vida de manera decente sin tener que usar las influencias familiares. Sin embargo sólo pudo encontrar trabajo de tiempo parcial en un restaurante de comida rápida y en un supermercado. Como no tenía empleo fijo no pudo hacerse de una casa ni del mobiliario para amueblarla. Fue entonces cuando se rindió a la evidencia y dijo: “¡Carajo! Me habían dicho que esto era sólo propaganda comunista!” Y comenzó a hacer milagros, como estirar el contrato de trabajo de un subocupado.

Mientras oleadas de curas polacos ultraconservadores se lanzan por toda Europa para recuperar las almas descarriadas del viejo continente, miles de jóvenes en Italia y España, pero también en Bélgica, Holanda, Irlanda y Finlandia, han decidido reinventar el catolicismo para su causa. Son los creyentes de san Precario, promotores de redes de organización transversal del precariado. Organizan procesiones y ceremonias y lo celebran el 29 de febrero. Y se encomiendan a su patrono recitando:
“Oh san Precario, protector nuestro, de los precarios de la tierra, danos hoy la maternidad pagada, protege a los dependientes de las cadenas comerciales, los ángeles de los locutorios, las cuidadoras migrantes, los autónomos pendientes de un hilo.

Danos hoy los días de fiesta y las pensiones, la renta y los servicios gratuitos, sálvanos de lúgubres despidos. San Precario, no te olvides por los torturados por las divinidades paganas, por el libre mercado y la flexibilidad, que nos rodean de incertidumbre sin futuro ni casa, sin pensiones ni dignidad. Ilumina la esperanza de los trabajadores en negro. Dales alegría y gloria. Por los siglos de los siglos: ¡Mayday! ¡Mayday!

Mayday es un street parade alternativo a las marchas tradicionales del mundo sindical realizado para conmemorar el Día del Trabajo. Es una concentración festiva y lúdica, similar a la efectuada por los movimientos por la diversidad sexual para demostrar su orgullo por ser diferentes. Tiene gran parecido con las tomas de calles realizadas por los ecologistas radicales británicos de Reclaim the Streets, uno de los antecedentes más significativos del movimiento contra la globalización neoliberal. Busca dar visibilidad y cuerpo político a los trabajadores precarios. El pasado primero de mayo se efectuaron iniciativas de esta naturaleza en 16 ciudades europeas.

La cuestión de la precariedad laboral es parte central del funcionamiento del neoliberalismo y de la resistencia en su contra. Los trabajadores de silicio (máquinas, fax, computadoras y personal altamente capacitado) son una pequeña minoría. El desmantelamiento de las redes de protección social y del sostén indirecto de la renta va acompañado de la erosión de los contratos colectivos de trabajo, la individualización de las relaciones laborales, el incremento de las jornadas laborales a destajo o por horas, la contratación de trabajadores migrantes sin papeles, la extensión de la vulnerabilidad y la disminución de los salarios. La “Europa del bienestar” vive con oleadas masivas de despidos y la imposibilidad de conseguir empleos estables bien remunerados. El trabajo fijo va camino a transformarse en pieza de museo. Los empleos de por vida se están convirtiendo en asunto del pasado. Nada que no haya visto en México.

Los fieles de san Precario apuestan a construir un actor y una fuerza capaz de resistir la creciente precarización social. Sus planteamientos rebasan las formas usuales de organización y lucha del mundo del trabajo y los partidos políticos. Y se han dedicado a hacer realidad los milagros de su patrono.

El primer milagro de san Precario se produjo el 6 de noviembre de 2004: unas 600 personas devotas del santo, provenientes de toda Italia, se concentraron en un gran supermercado en Roma. Unos 400 expropiaron alimentos y bebidas y comenzaron a distribuirlos entre peatones, en su mayoría jubilados y parejas de recién casados. Otros buscaron negociar con las cajeras del almacén descuentos para los clientes que hacían cola frente a las cajas. El milagro se hizo: los consumidores consiguieron fuertes rebajas.

Un mes más tarde un nuevo milagro se produjo en Málaga, España, cuando un grupo de 30 personas adoradoras del santo se reunió en un restaurante de lujo Clandestino, en el que los trabajadores laboran sin contrato en condiciones de explotación. Después de disfrutar de una opípara cena y un exquisito vino argentino, uno de los comensales se trepó en una silla, pidió un aplauso para los cocineros y meseros y denunció las condiciones de trabajo de quienes laboran en la industria de la hostelería. Para terminar dedicó un último brindis a san Precario e invitó a la clientela irse del lugar sin pagar. Eso sí, dejaron a los camareros una muy generosa propina.

Hay quienes juran haber visto ya a san Precario, el santo milagroso, en la ciudad de México. No nos extrañemos si, dentro de muy pronto, su imagen aparece al lado de los carteles que anuncian los oficios de quienes buscan empleo a las espaldas de la Catedral Metropolitana, en algún McDonald’s o en Wal-Mart.

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