Ana Esther Ceceña
La guerra como razón del mundo que queremos transformar
La humanidad se encuentra en un momento de grandes disputas y grandes definiciones.
El
capitalismo que hoy ha alcanzado la dimensión planetaria está
llevando la vida al límite poniendo
en riesgo su propia supervivencia. Sin duda las tensiones internas de un sistema
que promueve
el antagonismo y la desposesión no pueden más que irse profundizando
en la medida que los
niveles de concentración de poder y riqueza crecen y la precarización
correlativa se va
extendiendo sobre el planeta.
Los últimos años del Siglo XX estuvieron marcados por profundos
cambios en todas las
dimensiones de la vida social conformando propiamente una nueva fase en la historia
del
capitalismo: la neoliberal. Durante este periodo el planeta entero, a pesar
de las enormes
diferencias culturales e históricas regionales, quedó articulado
a un enorme mecanismo de
reproducción global ordenado desde Estados Unidos, el centro indudable
del poder mundial.
El Siglo XXI, después de treinta años de reestructuración
neoliberal, parece haber iniciado
con un desplazamiento del eje ordenador desde la producción y el mercado,
donde las normas
parecían ir estableciéndose de manera "natural" (con
intervención de la "mano invisible"), hacia
instancias explícitamente disciplinadoras como las militares. ¿Es
reversible este
desplazamiento? ¿Indica el inicio de un cambio de fase? ¿Estaremos
pasando del neoliberalismo
al neofascismo? ¿Es éste el único mundo posible? ¿Es
el capitalismo el fin de la historia o
dónde están las historias libertarias? ¿Se pueden construir
las condiciones que hagan posible la
utopía de un mundo donde quepan todas las utopías? ¿De
un mundo donde quepan todos los
mundos? ¿Podemos trascender el capitalismo? ¿Podemos imaginar
relaciones humanas sin
capitalismo? ¿Podemos imaginar la convivencia humana sin relaciones de
poder?
Encaminarnos a la búsqueda de respuestas es ya un indicio de la insubordinación
que va
dibujando los límites históricos del capitalismo como sistema
de organización social. Es una
señal de los tiempos que llevan a los pueblos indios a levantarse contra
el colonizador antiguo y
moderno. Las rebeliones se suceden en todos los continentes mostrando apariencias
diversas:
cada uno se levanta por sus propios sueños y contra sus opresores cercanos;
todos contra la
guerra del gran hegemón.
Pero ¿qué es el mundo hoy? ¿qué es eso que queremos
transformar? ¿y quiénes somos nosotros,
los insubordinados?
El mundo que queremos transformar
El signo más elocuente de la sociedad contemporánea es la guerra.
La guerra bajo sus diversas
formas y en todas las dimensiones del universo relacional: la guerra económica,
la guerra
cultural, de la inteligencia y de las ideas y la guerra militar. La política,
en el capitalismo, es el
instrumento legítimo y legitimador de la guerra. La competencia, que
es otro modo de llamar a
la guerra, es su esencia fundante.
Pero si bien la guerra ha sido el rasgo inmanente esencial, que marca la contraposición
antagónica sobre la que se asientan las relaciones sociales en el capitalismo,
las modalidades de
organización del proceso de trabajo y de la reproducción humana
varían en cada momento
histórico atendiendo fundamentalmente al desarrollo de las tensiones,
conflictos o lucha de
clases y al avance del proceso de objetivación impulsado por la clase
capitalista.
Las últimas tres décadas del Siglo XX se caracterizaron en buena
medida por la reorganización
de las condiciones que garantizaran la valorización del capital. Hoy,
a inicios del Siglo XXI, el
desafío consiste en garantizar las condiciones que hagan posible todavía
el capitalismo. Es
decir, si durante la fase neoliberal el eje ordenador de las relaciones capitalistas
y de la
articulación global de la reproducción era el mercado -en el más
amplio sentido del término-,
hoy, en lo que parece quererse perfilar como neofascismo, el reto principal
es la indisciplina de
una sociedad que no acepta las reglas impuestas por la guerra económica
y la economía de
mercado. Si los nuevos rasgos autoritarios y reduccionistas pueden entenderse
como parte del
neoliberalismo es una discusión que está por darse; lo que está
claro por el momento es el
desplazamiento del eje ordenador desde el mercado -o lo económico- hacia
lo militar.
El impulso neoliberal, centrado en la readecuación económica,
tiene como elementos de origen
el fortalecimiento de los sindicatos, la capacidad de control del proceso de
trabajo
desarrollada por el obrero colectivo fordista, el desfasamiento entre una capacidad
productiva
creciente y la correlativa depauperación o marginación del mercado
de amplios sectores de la
población mundial y una crisis en el sector campesino que hasta ese momento
funcionó como
espacio de compensación de la superexplotación de la fuerza de
trabajo de las llamadas
periferias.
La búsqueda de nuevas tecnologías tenía como propósito
reorganizar el trabajo. No el proceso
de trabajo solamente sino el trabajo mismo como categoría de disciplinamiento
social y el
trabajo en general no sólo en términos de su operación
práctica sino de su capacidad abstracta, de su desagregación y
extensión hacia un conjunto de actividades intelectuales: se
pasó de la concepción del trabajo como operación a la del
trabajo como diseño y planeación, al
tiempo que se caminaba de las cadenas de montaje a los grupos de tarea, al trabajo
a domicilio
y a la proliferación de maquiladoras (off shore industries).
Entre los rasgos más sobresalientes de este proceso pueden destacarse
los siguientes:
1. Los avances tecnológicos a lo largo de estos años superaron
la fase de objetivación de
movimientos y saberes físicos que caracterizaron la etapa fordista y
transitaron hacia la
objetivación de saberes mentales y orgánicos, mecanizando paulatinamente
los razonamientos
lógicos e incursionando en el conocimiento, control y modificación
de las estructuras de
pensamiento y de las estructuras de la vida: los códigos culturales y
los códigos genéticos. La
apropiación de saberes no se detiene en la acumulación de conocimientos
sino que intenta
incursionar en los mecanismos de generación de esos conocimientos
1
. El poder sobre los
cuerpos y las mentes, el biopoder
2
, transita por los objetos prototípicos del nuevo paradigma
tecnológico, sea en el espacio de la producción, sea en el de
la vida privada (mediante los
medios de entretenimiento disciplinadores como los nintendos, play stations,
etc.).
2. Después de una encarnizada disputa entre competidores asiáticos,
europeos y
estadounidenses, se logra implantar un nuevo paradigma tecnológico con
vigencia mundial, cuyo
centro de definición está en Estados Unidos. La automatización
sobre estas nuevas bases
tecnológicas es soporte de un despliegue de procesos productivos
3
integrados en escala
planetaria que conlleva una revolución en los sistemas de comunicación
hasta llegar al traslado
1
Las operaciones lógicas básicas de la construcción del
pensamiento ya han podido ser
incorporadas al funcionamiento de las computadoras. De acuerdo con un estudio
de Hans
Moravec (1998),
los proyectos de inteligencia artificial para crear las llamadas "brain
machines" marcan
como tendencia alcanzar el equivalente al cerebro humano alrededor del año
2015. Actualmente se cuenta
con un potencial equivalente ya al cerebro de una lagartija, aunque el desarrollo
es desigual y hay
operaciones mentales que han podido ser mecanizadas que rebasan la habilidad
cerebral de la lagartija.
2
"? en los siglos XVII-XVIII se produjo un fenómeno importante: (...)
la invención de una nueva mecánica
de poder que tiene sus propios procedimientos, instrumentos totalmente nuevos,
aparatos muy
diferentes: una mecánica de poder que se (...) funda sobre los cuerpos
y lo que hacen, más que sobre la
tierra y sus productos (...) Es un tipo de poder que se ejerce continuamente
a través de la vigilancia (...)
Se apoya sobre un principio que se configura como una verdadera y propia economía
del poder: se debe
poder hacer crecer al mismo tiempo las fuerzas avasalladas y la fuerza y la
eficacia del que las avasalla."
(Foucault, 1996: 36).
3
La escala planetaria en los sistemas de producción y reproducción
capitalistas no solamente se sustenta
en el impulso renovador provocado por las tecnologías electroinformáticas
introducidas sobre todo a
partir de los años setenta sino también en la profunda crisis
que llevó a la des-organización o re-
organización del llamado bloque socialista.
instantáneo de información o a la colaboración simultánea
(en algún proyecto) desde diferentes
partes del mundo.
La geografía productiva adquiere una nueva definición territorial
una vez establecida como
circuito planetario, al buscar combinar de la manera más
competitiva
la localización de recursos
naturales, de mercados de trabajo (específicos, diferentes, de bajos
salarios, etc.) e incluso
de exigencias en protección ambiental o prestaciones salariales, etc.,
con autonomía de las
consideraciones referentes a la geografía de las ventas. Esto provoca
una reorganización de la
planificación estratégica sobre el espacio y una reterritorialización
de la dominación que
modifica tanto la ocupación como los usos de los territorios -entendidos
no sólo como
expresión de su contenido físico sino también como construcciones
histórico-culturales-, en la
búsqueda de un reposicionamiento espacial competitivamente estratégico.
3. Se crean nuevos objetos de trabajo y nuevas modalidades de uso de los territorios.
La
naturaleza es resignificada a partir de su fragmentación: la naturaleza
se desdibuja como
sistema y se categoriza a partir de la aprehensión de sus microcomponentes
como estructuras
aisladas. El conocimiento y manejo microcósmico rompe las cadenas y equilibrios
naturales y
reduce a los organismos a sus partes aprovechables extrayendo sus principios
activos y
deshechando de antemano los
sobrantes
para disminuir los
faux frais
de la procucción. De
acuerdo con sus cualidades fragmentadas la naturaleza deja de ser concebida
como sistema
vital -al tiempo que se opera su separación definitiva con respecto a
los seres humanos- y se
convierte así en biodiversidad
4
(Escobar, 2000).
La secuenciación automatizada de códigos genéticos abre
nuevos campos de valorización,
nuevas maneras de apropiación (de la naturaleza) pero, sobre todo, ofrece
la posibilidad de
transformación del paradigma tecnológico mediante el estudio y
aplicación de las estructuras
vitales sistémicas.
5
La conversión de la naturaleza en sus componentes, su conversión
en
fragmentos pasibles de ser disociados, corresponde a la penetración desestructuradora
en los
cuerpos y mentes de la espacie humana. En ambos casos el conocimiento científico
y las
innovaciones tecnológicas abrieron la puerta a un proceso de des-sistematización
y de pérdida
de sentido global.
4
Arturo Escobar fue el primero que planteó el problema en estos términos.
La mercantilización de la
naturaleza a través de su destazamiento, xxx
5
Ejemplo de esto son las permanentes investigaciones en biochips, brain machines,
etc.
4. La fábrica convencional del modelo fordista deja de ser el lugar
de la producción. Sus
fronteras se desdibujan y el proceso de trabajo desborda hacia la sociedad incorporando
a
todos los sectores de la población como potenciales proletarios al tiempo
que penetra los
ámbitos de la vida privada, los espacios otrora de la reproducción,
convirtiéndolos en
accesorias de una nueva fábrica ampliada y difusa . El proceso de trabajo
se complejiza e
incrementa enormemente las mediaciones entre el trabajador y el objeto de trabajo
diversificando correlativamente los contenidos del trabajo. Las relaciones laborales
se
informalizan
en correspondencia con el desbordamiento del proceso de subsunción y
se
conforma correlativamente un obrero colectivo mucho más diverso interiormente
y también
más dúctil, tanto en términos de sus capacidades y habilidades
como en sus reclamos laborales.
La mayor parte de la humanidad queda sometida a las nuevas disciplinas del trabajo,
desde sus
variantes intelectuales hasta las más deprimidas y esclavizantes actividades
"informales", que
suponen una extensión de la jornada de trabajo acompañada por
una precarización generalizada
y, en el extremo, hasta en materia prima que acompaña con saberes ancestrales
la apropiación
eficiente de la naturaleza.
5. La clase se desdibuja junto con su espacio laboral. El fraccionamiento de
la producción por
fases o hasta por tareas, deslocalizadas geográficamente, arrebata el
conocimiento general
del proceso -y por tanto la capacidad de controlarlo- al colectivo obrero. Encerrados
en
grandes plantas o ciudades industriales a lo largo de treinta o cuarenta años,
habituados a
organizarse corporativamente, los trabajadores industriales se reconocían
difícilmente en un
mundo laboral más amplio y
desordenado
. En el momento de la implosión de las grandes plantas
industriales estos trabajadores perdieron los referentes en los que sustentaban
su concepción
de sí mismos.
Los trabajadores precarios por un lado, y los trabajadores intelectuales en
el otro extremo, no
terminan de reconocerse a sí mismos como parte de esa clase que estuvo
delimitada o
identificada por la producción industrial durante todo el periodo fordista
y que a su vez
difícilmente los aceptaba como parte de su colectivo. Estos sectores,
que hoy constituyen una
parte sustancial de la masa laboral y que se encuentran vinculados, aunque de
maneras y en
lugares distintos, a un mismo proceso productivo, perdieron en gran medida la
concepción de
totalidad y no establecen todavía sus hilos articuladores. Los precarios,
hoy mucho más
abundantes que en el pasado, siempre han sido considerados como
marginales o desclasados ; los intelectuales, hoy incorporados masivamente como
fuerza de trabajo, siempre se han pensado como externos a las contradicciones
sociales, por lo menos directamente.
En otras palabras, la clase se pulverizó cuando no pudo reconocerse en
la calle, donde había
sido arrojada por el neoliberalismo; es en esa misma calle donde tendrá
que recomponerse
regenerando sus lazos comunitarios y sus sentidos colectivos.
6. El alcance planetario de la producción fomenta la homogeneización
de productos que reducen
costos de producción por economías de escala pero, sobre todo,
abaratan la reproducción de la
fuerza de trabajo desvalorizando los bienes salario. El manejo global de mercados
planetarios
permite autonomizar las esferas de producción y realización diferenciando
los de bienes
precarios y masivos que colocan mercancías elaboradas con prisa y baja
calidad en los
mercados del proletariado mundial, mientras los de las clases altas se surten
con productos
diferenciados de alta calidad y alto precio. Si en el fordismo los propios trabajadores
eran
concebidos como consumidores de los bienes industriales, hoy el mercado depende
mucho
menos del consumo de los trabajadores miserabilizados y mucho más del
margen de ganancias
que implica la depresión salarial salvaje en situación de monopolios
productivos y mercantiles
planetarios.
Una de las consecuencias de esta nueva ofensiva capitalista es que ha colocado
a buena parte
de la población del mundo en calidad de sobrante absoluta y a las civilizaciones
y culturas
milenarias en riesgo de extinción.
A la estandarización del consumo que deviene de esta producción
maquilera en escala
planetaria, y a la precarización que arroja a todos los miembros de la
familia al mercado de
trabajo, corresponde una desestructuración de la comunidad y de sus modalidades
propias de
organización de la vida privada. Si en las ciudades el proceso de individualización
capitalista
echó raíces desde los inicios de la industrialización,
en las
periferias
del sistema los vínculos
comunitarios tradicionales resignificados eran soporte de la subsistencia
6
. La fracturación de
la naturaleza coincide con un nuevo impulso hacia la desestructuración
de estas comunidades
desconociendo las razones culturales (y políticas) diversas que las previenen
de la
individualización.
6
Cita del sup
En el capitalismo sólo se reconoce al individuo, y eso a través
de su representación objetivada:
la propiedad privada. La atomización social es el caldo de cultivo de
la dominación, de las
relaciones de poder o, como dice Foucault, "la soledad es la condición
básica de la sumisión
total" (xxx).
Este nudo conflictivo es expresado, desde la perspectiva de "la cultura
única", por Samuel
Huntington (1997) cuando traslada la representación del enemigo hacia
la diversidad de
culturas. No obstante es un campo identificado dentro de todos los proyectos
de dominación.
Las quemas de libros, el arrasamiento de templos y la imposición de nuevas
costumbres y
lenguas fue, hace 500 años, el mayor intento por eliminar cualquier rastro
de un mundo pensado
y organizado de manera no capitalista. La Santa Inquisición fue una embestida
contra todo el
que pensara por sí mismo fuera de las líneas del evangelio, contra
toda comprensión no
cristiana del mundo, no antagónicamente binaria (bien y mal; Dios y demonio,
etc.). Hoy que la
dominación se pretende de espectro completo (Joint, 2000) la diversidad
no controlada es
justamente la llamada amenaza asimétrica.
7. El capitalismo es el ámbito de producción de la
no-comunidad
que hace del
otro
un enemigo y
lo individualiza, colocándolo en situación de enfrentarse "solo
contra el mundo", es decir,
atomizado frente a un mercado que lo envuelve, que lo deglute y que, además,
tiene una
legitimidad
a priori
fincada en un sistema de derecho y de sanción erigido como razón
universal. La producción de la no-comunidad es la expropiación
del sentido social de la vida y se
acompaña de una producción simultánea de sentidos comunes
enajenados.
...a verdade definitiva do universo desespiritualizado e utilitarista do capitalismo
é a
desmaterialização da "vida real" em si, que se converte
num espetáculo espectral. (?i?ek, 2003:
28)
La ideología neoliberal se sintetiza en la exitosa propuesta de Fukuyama:
"el fin de la historia".
La sociedad única -y unidimensional, diría Marcuse- que se extiende
hasta donde llega el
mercado, y el pensamiento único que expresa el fin de las culturas y
de la diversidad en
general, son signo de un vaciamiento de sentidos históricos que borra
los referentes colectivos
reales para imponer ficciones con apariencia de realidad. La pérdida
de la memoria histórica es
la derrota de los pueblos. Un pueblo sin memoria no existe; un individuo sin
colectivo se des-
sujetiza; una planta reducida a sus componentes aislados es desprovista de su
carácter
orgánico.
La medida del vaciamiento es simultáneamente la medida del biopoder como
capacidad para
controlar los cuerpos y mentes, como si fueran entes aislados e independientes
de la historia y
experiencia de su portador y corresponden a la figura del panóptico total.
8. Puesto que ni el panóptico, ni el fin de la historia ni la omnipresencia
del mercado han
logrado domesticar las resistencias que, más bien, brotan como hongos
en todas partes del
planeta, queda en evidencia que el mercado como gran organizador de la competencia
y de la
distribución de bienes materiales es insuficiente como disciplinador
de los colectivos que ha
ido dejando fuera de su órbita. El desafío central del capitalismo
a fines del Siglo XX, sin
desmerecer la enorme importancia que tiene el acaparamiento de los recursos
naturales
estratégicos, es el control de la insubordinación. Los niveles
de expulsión parecen estar
generando una respuesta no prevista: en vez del suicidio y la desesperanza a
los que conduce el
pensamiento único, o los reclamos por reconocimiento e inclusión,
los pueblos están decidiendo
emprender su propio camino, recuperar sus territorios, historias y costumbres
y empezar a
construir en los márgenes.
7
Lo militar como eje ordenador
Hay dos líneas que marcan los desafíos y estrategias del Siglo
XXI y que apelan a la
intervención de lo militar como eje de cohesión, una vez que el
mercado se revela insuficiente:
1. La insubordinación de los pueblos -y no de los Estados- como amenaza
principal en un
momento histórico en el que la posibilidad de emergencia de hegemones
alternativos es remota,
cuestión que conduce al planteamiento de las guerras asimétricas
en que el enemigo es un ente
informe, difuso y, sobre todo, indisciplinado e inasible. En vez de los conocidos
enfrentamientos entre Estados propios de la Guerra Fría, hoy el conflicto
esencial parece
haberse desplazado hacia lo que podría caracterizarse como una lucha
de clases planetaria que
deviene de la incapacidad real del capitalismo de ofrecer una propuesta de vida
al conjunto de
la población mundial. La fuerza expansiva de los procesos de producción
hoy es limitada y más
bien provoca una expulsión absoluta de fuerza de trabajo, no compensada
con el incremento en
las escalas de producción. En ese sentido, mientras más se desarrolla
la tecnología y más se
concentra la riqueza, menores son las posibilidades de mantener el proceso de
valorización
7
En voz de los "piqueteros" del MTD de Solano este sistema sólo
tiene capacidad de incluirlos en calidad
de excluidos (xxxsituaciones) como eje cohesionador de la sociedad y el recurso
a mecanismos coercitivos se hace
indispensable. Cuando se ha llegado a una fase tan avanzada del proceso de apropiación-
desposesión las condiciones de funcionamiento societal se tornan sumamente
inestables. La
guerra es antes que nada un disciplinador. Disciplinador de mercados, de competidores,
pero,
sobre todo, de inconformes, de irreverentes, de rebeldes. Al tiempo que modifica
la geografía,
la economía y la política mundiales, desata las fuerzas de la
resistencia. La visión militar del
campo de batalla se impone como regla de relacionamiento social y, dentro de
ésta, la asimetría
como expresión de indisciplina multidimensional.
8
2. A partir del momento en que los componentes fundamentales tanto de la reproducción
productiva global como del desarrollo de nuevas tecnologías y nuevas
aplicaciones productivas
están fijos en el territorio, la instauración de una nueva territorialidad
(Porto Gonçalves, xxx;
Ceceña, xxx) es una de las condiciones insoslayables de reconstrucción
de la hegemonía.
La necesaria vuelta al territorio como espacio de definición de la competencia
con base en el
acaparamiento de recursos y las estrategias de regionalización productiva,
laboral y comercial,
apelan a una creciente intervención de lo militar como criterio de visión
geográfico y
estratégico y como práctica contrainsurgente, en el sentido más
amplio del término.
En este contexto, entre los objetivos hegemónicos que aparecen bajo el
manto militar pueden
destacarse los siguientes:
a. Concepción de las relaciones internacionales y mundiales en términos
estratégicos, como
escenarios y piezas del juego del poder absoluto. Los consensos o legitimidades
se construyen
desde lo militar de donde deviene una transformación de contenidos y
prácticas que hace de
la política un terreno de objetivación. La política es
secuestrada por los imperativos de seguridad
y sus medios provienen de un soporte tecnológico que una vez más
refuerza la posición del
hegemón, personificado en el complejo político-militar de Estados
Unidos.
b. Creación de una nueva geometría espacial de aseguramiento de
las condiciones generales y
particulares de mantenimiento de la hegemonía ("creación
de un ambiente internacional
8
La imagen de un mundo en situación de anarquía, que es uno de
los modelos explicativos posibles desde el
poder, se refiere a: "...la quiebra de la autoridad gubernamental; la desintegración
de los Estados; la
intensificación de los conflictos tribales, étnicos y religiosos;
la aparición de mafias criminales de ámbito
internacional; el aumento del número de refugiados en decenas de millones;
la proliferación de armas
nucleares y de otras armas de destrucción masiva; la difusión
del terrorismo; la frecuencia de las
masacres y de la limpieza étnica" (Huntington, 1997: 37). favorable"
Cohen, 1998) y la concentración tanto de riqueza como de poder, garantizando
el
tendido de la más amplia red de posiciones militares desde las cuales,
teniendo en cuenta los
alcances de sus radios de acción, se pueda tener el control de la geografía
planetaria completa.
c. La única manera de trabajar de modo sustentable y relativamente seguro
en un tablero como
éste, con tantos riesgos de tipo tan diverso, es desarrollando una red
simultánea de
inteligencia militar con propósitos preventivos que no aniquile a los
disidentes en todos los
casos sino que logre colocarlos en situación de confrontación
entre ellos mismos. Una red que
en principio identifique los peligros y valore sus capacidades y límites,
al tiempo que ubica los
nodos conflictivos esenciales en un mundo tan diverso. La prevención
consiste en impedir que el
enemigo se forme, en encontrar el modo de usar al enemigo y en mantenerlo observado
en todo
momento y en todo lugar para aprender de sus propias estrategias de lucha.
El cumplimiento de estos objetivos, la radicalidad del cuestionamiento de un
sujeto que se
desvincula cada vez más de las reglas del juego y la urgencia por no
dejar pasar este momento
de oportunidad histórica (xxx) para colocar a Estados Unidos como rector
de los destinos del
planeta completo, llevan al diseño de una estrategia denominada de "dominación
de espectro
completo" (Cohen, 1998; Joint, 2000).
Frente a la amenaza incierta y desconocida la respuesta del poder es la estrategia
de
dominación de espectro completo diseñada con anterioridad al 11
de septiembre de 2001.
Abarcar todos los espacios, todas las dimensiones de la vida, todos los lugares;
no dejar
resquicios para el enemigo real o potencial, no darle tiempo de recuperar fuerzas,
de
recomponerse; perseguirlo en los subsuelos, en tierra, aire y mar; vigilarlo,
disuadir cualquier
iniciativa contestataria, cualquier transgresión de las reglas tácitas
del poder; esto es,
dominar en todo el espectro (Joint, 2000 y 200xxx).
La guerra y sus sentidos propios, sus explicaciones del mundo, se apropian del
sentido común en
todas las esferas y utilizan todos los mecanismos: económicos, culturales,
simbólicos, militares.
La producción de un sentido bélico sustentado en el antagonismo
de origen de la sociedad
capitalista es así el vehículo de formación de consensos.
La profunda transformación en los sistemas productivos y en los sistemas
de dominación a lo
largo de los últimos 30 años generaron un dislocamiento en la
visión del mundo en términos
generales. Las modificaciones en los dos ámbitos esenciales de socialidad,
la comunidad y el
proceso de trabajo, replantearon los sentidos de la vida y los horizontes societales.
Desde la perspectiva de la fábrica (entendida en el sentido más
amplio que imponen los nuevos
contenidos del trabajo), de donde emana según Gramsci la concepción
del mundo, es evidente
que la reestructuración tecnológica y organizativa de la producción
y los cambios correlativos
en el mundo del trabajo, incluyendo la precarización de sus condiciones
y el reforzamiento del
nomadismo moderno, produjeron una percepción caracterizada por la incertidumbre
y la
desposesión. Las relaciones comunitarias se transformaron en este proceso
hasta el extremo
que marca los límites de la extinción pues la gran cantidad de
mediaciones materiales entre los
sujetos produjo un aislamiento que, reforzado por la competencia (para obtener
un empleo por
ejemplo), produjo una sensación generalizada de desconfianza entre las
personas y de apego a
los objetos que posibilitan la
virtualización
de las interrelaciones (computadoras, nintendos,
etc.). La ruptura de la intersubjetividad produjo una visión estática
e inmediatista en que no
hay historia ni futuro y en la que todos son
sospechosos
.
9
Esta percepción es aprovechada y estimulada propiciando por todos los
medios posibles un
cambio de mentalidades correspondiente a las nuevas condiciones y necesidades
de control ya
mencionadas. En este sentido, desde la perspectiva cultural hay tres características
que deben
ser destacadas:
1. El intento por establecer una interpretación universal, la pregonada
por el llamado
pensamiento único, cuya explicación del mundo provoca un vaciamiento
del sentido de la vida, de
la historia y de las utopías. Al paradigma tecnológico y militar,
se agrega la explicación
tecnocrática, pretendidamente científica y, por tanto, única
e inapelable, del mundo, la
sociedad y sus delimitaciones.
2. La potencial apropiación y transformación de la cultura y los
imaginarios a través de su
producción industrial mediante la tecnología multimedia que
fabrica
visiones del mundo (en
concordancia con la del pensamiento único) a través de videos
en serie, juegos, películas y
otros.
9
La calidad de sospechoso o desaparecido opera una des-sujetización de
los seres al apartarlos de
cualquier lazo de pertenencia a la sociedad. Un sospechoso deja de ser automáticamente
un portador de
derechos y garantías, contrariamente a lo que ocurre con los detenidos.
El detenido tiene una situación
determinada en la que, aun con derechos limitados, tiene la posibilidad de apelar,
no así el sospechoso.
Ver Agamben, 2004.
3. La creación de una
cultura de la delación
para garantizar la seguridad en un entorno que se
caracteriza, antes que nada, por la fragmentación y la pérdida
de sentido.
10
La incertidumbre
generalizada es un campo propicio para infundir miedo y hacer de la desconfianza
el elemento
de producción de la no-comunidad. No hay colectivo posible porque todos
los
otros
son
potenciales delincuentes (narcotraficantes, terroristas, ladrones o, algo todavía
peor,
rebeldes).
11
De aquí emana,
naturalmente
, la concepción de guerra preventiva que es en
principio la única capaz de asegurar que nada se salga de control. Es
la respuesta de la
modernidad capitalista a un mundo que no termina de aceptar sus reglas.
xxxSin embargo, desde una perspectiva de visión que destaque las relaciones
entre sujetos, o
la conformación misma de los sujetos, es necesario poner en cuestión
no sólo la competencia
intercapitalista y la lucha por la hegemonía sino la legitimidad general
del sistema de
dominación, sus capacidades y su vulnerabilidad. Las condiciones que
permitirían mantener las
relaciones entre sujetos como relaciones de dominación y las que permitirían
su subversión.
A pesar de haberse iniciado dentro del ámbito de la competencia tecnológica,
la
reestructuración capitalista de las últimas tres décadas
provocó un cambio total en la
organización del sistema de dominación, en la delimitación
de sus espacios, de sus contenidos y
mecanismos que modificó el terreno de la resistencia y la obligó
a emerger. Las disputas
intercapitalistas por colocarse en la vanguardia de la obtención de ganancias
y de definición de
las normas universales se acompañan de un conflicto social, crecientemente
explícito, en contra
10
Vale la pena recordar que los métodos relacionados con la cultura de
la delación tuvieron un momento
de apogeo cuando el Tribunal del Santo Oficio se hizo cargo de la contrainsurgencia.
La delación es una
práctica consecuente con el mundo de la competencia y la ruptura de las
comunidades campesinas,
artesanas, o incluso nómades, necesaria para la institucionalización
del mercado como eje de la relación
humana y para la incorporación de los miembros de esas comunidades al
trabajo asalariado. Un buen
ejemplo de esto nos lo brinda White al recordarnos que ya en la época
de la Inquisición "la población local
era invitada a confesar sus pecados antes de ser denunciados por una fuente
secreta, y se los animaba a
delatar a cualquiera que sospechasen que practicaba la herejía. Si un
transgresor conseguía proporcionar
una docena de sospechosos, sus pecados serían excusados y se salvaría
de la hoguera." (White, 2002:41).
Esta cultura de la delación se combina con una
cultura del encierro
que supone que sólo parapetados
dentro del propio domicilio, aislados del otro, se puede evitar la agresión
o caer bajo sospecha.
11
Esto sin embargo no es algo nuevo sino que es un rasgo inmanente a la cultura
occidental. En sus
orígenes se encuentra presente el afán por convertir a toda persona
en individuo y a todo individuo en
competidor, insumiso, delincuente potencial o sospechoso, en alguien a vencer
(en la competencia, por
ejemplo) o a someter. La medida de los privilegios en riesgo seguramente explica
los grados de severidad
y crueldad de los castigos a la insumisión. Uno de los ejemplos más
elocuentes es el de la Santa
Inquisición que, a pesar de las diferencias marcadas por el tiempo, guarda
similitudes asombrosas con la
perversión que supone una campaña de "conmoción y
pavor" para redimir al pueblo de Irak. del poder capitalista. A la recomposición
de las estructuras y jerarquías del poder se
contrapone una insurrección generalizada -aunque heterogénea y
con grados de conciencia y
visibilidad distintos- en contra de la dominación, complicándola
enormemente. Todo parece
indicar que estamos en los umbrales de una confrontación planetaria de
clases, si por clase
entendemos no la rígida enunciación del socialismo real y los
estructuralistas sino esa
sugerente noción thompsoniana de la clase que se constituye permanentemente
en el
entrecruzamiento de todas las situaciones de opresión y dominio manifiestas
en la experiencia
de la lucha, "la clase [que] es definida por los hombres al vivir su propia
historia" (
Thompson,
1989:34
).
Los hombres sencillos viviendo su propia historia, los hombres conformándose
como clase,
emergiendo de las profundidades de los tiempos para reconstruir sus sentidos
comunitarios
fracturaron irreversiblemente el pensamiento único colocando en un mismo
plano la disputa por
la hegemonía de Estados Unidos y la disputa por la hegemonía capitalista.
Éste es el desafío
que deberán enfrentar los grandes poderes por haber abierto la caja de
Pandora.
En este momento de la historia de la humanidad en que se han desdibujado las
certezas hay
por lo menos algo indiscutible: ni el capitalismo tiene carácter transhistórico,
ni la historia
tiene más límites de los que le impone transitoriamente la acción
de los sujetos.
Nuevos ejes de conflicto social
Clase (explotación)
Desposeídos del poder-poderosos (exclusión, desciudadanización)
Étnico-colonial
La competencia implica, tanto como la guerra, el sometimiento o negación
del otro. Aún más, es
la base de construcción de la otredad, que combina todas las dimensiones
del proceso de
dominación-resistencia (étnica, colonial, de clase, de género),
y emplea todos los mecanismos a
su alcance: algunos sutiles, otros brutales.
...la guerra ofrece también al hombre simple, que en tiempo de paz nunca
hubiera
esperado llegar a ser alguien, la oportunidad de alcanzar la sensación
de poder, y
justamente ahí donde esta sensación tiene sus raíces: en
el sobrevivir a montones de
muertos (Canetti:1981, 44)
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